Solo Química

El amor no existe

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

Áspero, tierno, liberal, esquivo,

Alentado, mortal, difunto, vivo,

Leal, traidor, cobarde, animoso

No hallar fuera del bien centro y reposo

Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo

Enojado, valiente, fugitivo

Satisfecho, ofendido, receloso

Huir el rostro al claro desengaño

Beber veneno por licor suave

Olvidar el provecho, amar el daño

Creer que un cielo en un infierno cabe

Dar la vida y el alma a un desengaño

Esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega

Del amor se ha escrito de todo, incluso la verdad. Que si no es más que una reacción química que libera dopamina, serotonina y oxitocina. Que si es una droga dura. Que si más vale haber querido y haber perdido que no haber querido nunca. Que si amar significa no tener que decir lo siento. Que si el primer amor no se olvida nunca. Que si el verdadero amor no tiene que ser perfecto, solo tiene que ser sincero. Que si al final de la vida seremos examinados de amor. Que si el amor está en el aire. Y que si como yo te amo, olvídate, nadie te amará.

La película SOLO QUÍMICA quiere tratar sobre el amor y, en realidad, trata sobre el engaño en todas sus variantes. Porque, como todo el mundo sabe, el amor es el arte de dejarse embaucar. En la Madre Naturaleza el pavo con mejores plumas es el que se lleva el gato al agua. O en su caso, a la pava. Cambien ustedes pajarito por humano y el resultado viene a ser el mismo. Porque reconozcamos que con una anatomía desventajosa nuestras posibilidades se limitan, por mucho que seamos firmes defensores de la belleza interior.

Belleza interior se le supone al protagonista Eric, la exterior es incuestionable. Gastando una sonrisa que acelera el cambio climático, el muchacho es el objeto de los anhelos amorosos de Olivia, Oli para los amigos, pero como reza el dicho, cuidado con lo que se desea, mira que se puede cumplir.

Desde que los hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo no ha habido una trama romántica más repetida y previsible. Chica se enamora de chico, a chico le roban la cartera y chica la recupera -atentas, esto sí es novedoso en el arte de ligar- chica y chico salen, chica y chico dejan de salir y chica, por fin, comprende que a quien de verdad quiere, lleva a su lado desde el comienzo de la película.

¡Que decisión tan complicada!

Pero resulta que la película se promociona como un homenaje a la moda española.

¡Aleluya!

Según los títulos de crédito la lista de diseñadores que colaboran en el vestuario es más extensa que la última edición de la Mercedes Fashion Week porque se pretende escenificar el paso de una muchacha algo masculina que camina despreocupada por la Rambla en camisa de cuadros y peto vaquero a una diosa escultural que no se baja de la Alta Costura, de fiesta en fiesta, como se supone que viven y respiran los de la farándula.

Efectivamente, los diseñadores convocados son figuras reconocidas y exitosas del panorama fashion español, pero la decepción llega cuando los trajes en cuestión que se suponen «el homenaje» se ven en lejanía, mal iluminados y de refilón, apenas un segundo en pantalla. Hasta donde yo llego, asumo que es una película y no una pasarela, pero ya que producción ha tirado la casa por la ventana con el vestuario, lo mínimo sería poder apreciarlo.

Tomemos como ejemplo el maravilloso vestido verde esmeralda diseñado por Jaqueline Durran para la película Expiación. La cámara recorre cada pliegue, cada brillo de la magnífica prenda, su sensualidad cuando se recoge sobre los muslos de Keira en la tórrida escena de sexo en la biblioteca. Aunque no seamos amantes de la moda, apreciamos su exquisita confección, nos impacta su lujoso aspecto por su falta de estridencia. Y así, salimos del cine decididas a comprar una prenda verde y lamentando no tener la elegante languidez de la actriz para poder lucir algo tan ceñido a la cadera. Este vestido representa un mundo de belleza que se desmorona sin remedio, un futuro que no llegará a ser porque la guerra lo devorará, representa la eternidad de las cosas intensas. Un vestido irrepetible e inolvidable porque el responsable de fotografía decidió dejarnos disfrutar de él.

En comparación, nuestra película queda bastante mal parada.

El idilio entre el adonis y la advenediza se pone en marcha y ya desde la primera cita Oli comprende que no puede acompañar a Eric en su vida de fastos y oropeles si en el restaurante hasta la camarera viste infinitamente mejor que ella.

Dispuesta a enmendar este inicial tropezón estilístico, Oli acude a su primera alfombra roja del brazo de su amado con un espectacular palabra de honor de gasa con bolero bordado en pedrería y cruzado sobre el pecho a modo de esclavina. ¿De quién es esta maravilla? Me aventuraré a decir que de Santos Costura, pero no podría afirmarlo. Si la película fuera francesa o italiana se repartiría un dossier a todas las cabeceras de moda y todos y cada uno de los trajes estarían perfectamente documentados e identificados.

Sencillamente, impecable.

Martina Klein en el papel de «la novia que no es la novia pero que queda genial en las fotos» viste dos modelos de Ángel Schlesser, Este sencillo traje largo que hubiera agradecido un brazalete o unos pendientes más rotundos como complementos y un dos piezas de americana y pantalón con estampado de cuadros.

Las calaveras ponen el punto gamberro al traje de baño. Si quiero uno igual para lucir palmito en la piscina…¿dónde encontrarlo?

Las fiestas se multiplican, la vida con Eric es una alfombra roja interminable donde se suceden preciosas creaciones en los cuerpos de las asistentes.

Pero depender tanto del gusto de los demás (del público, de las directoras de casting, de los productores…) debe ser agotador: un día estás en primera línea del espectáculo y al siguiente te suben al gallinero. Oli acompaña al apolíneo protagonista en sus intentos frustrados de volver a estar en el candelero y lo hace luciendo trajes que se intuyen espectaculares, pero solo parando la cámara y haciendo un ejercicio de imaginación se llegan a ver.

Algo así podría ser uno de los trajes de Oli, ¿de María Barros, quizá?

Definitivamente si queremos un homenaje a la moda española, mejor visitar el Museo del Traje, que después de una profunda remodelación, está a punto de volver a abrir sus puertas.

Cuando ya peinamos canas -o no las peinamos porque las llevamos primorosamente teñidas- los amores pasionales de juventud nos producen cierta sonrisa de condescendencia. ¿Quién no soñó con amanecer en los brazos del adonis que decoraba nuestras carpetas? ¿Quién no suspiró cuando el macizo del instituto cruzó un segundo su mirada con la nuestra, y fuimos conscientes de lo invisibles que éramos? No niego que la edad nos vuelve cínicas o acomodaticias, y que si notamos algo en el estómago no serán mariposas sino algún retortijón de excesos digestivos.

El amor es química, sí, igual que ese intercambio de O2 y CO2 que llamamos respirar, igual que vivir. Todo es química.

El amor es alabar su gusto en camisas estampadas, acompañarle al médico y que nos acompañe luego de rebajas. El amor es comprar juntos un sofá, y echarnos la siesta con los pies en sus piernas sin que proteste demasiado. El amor es leer el mismo libro y que todavía nos sorprenda el final.

Eso es amor, quien lo probó lo sabe.

¡Feliz semana!

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