Ha llegado un ángel

Benditos sean los benefactores

Una actriz de cuarta metida a gran duquesa proclamaba, no hace mucho, a través de uno de sus múltiples asistentes que «sigue firme en su determinación por trabajar para extender la compasión por todo el mundo y dar ejemplo de lo que es justo y bueno». Ajá… y ese trabajo ¿en qué consiste exactamente, guapa?

Erigirse en benefactor de la humanidad en un mundo tan hiperconectado como el actual tiene sus servidumbres: no sirve solo con desempeñar una labor encomiable, se requiere un pasado blindado a prueba de detectives y una trayectoria intachable. Un simple resbalón, queridas amigas, y, a pesar de sus buenas acciones, el mundo solo recordará que una tarde se fueron de un merendero sin pagar y que al salir atropellaron a un gato.

Como con todo en la vida, conviene dosificarse, porque la bondad a todas horas resulta indigesta. Algo así le pasa a la protagonista de nuestra película HA LLEGADO UN ÁNGEL, aunque, obviamente, con el dulce rostro de la sin par Marisol qué otra cosa se podía ser más que un querubín repartiendo favores a su alrededor.

El argumento es muy simple: a principios de los 60 una huefanita, ante la perspectiva de quedarse sola en la vida, decide irse a Madrid y se presenta por sorpresa en la casa de sus únicos parientes. Pésima decisión ya que la familia resulta ser una autentica pandilla de facinerosos, con un rosario de vicios y perezas que nuestra heroína infantil se apresta a solucionar a golpe de canción.

No es que la ropa que luce el angelito cantor en la película sea digna de una nominación al Goya,-chaquetita por aquí, faldita de tablas por allá-, pero sí merece una mención la responsable del vestuario de ésta y de otra película de parecidas hechuras –Un rayo de luz- porque es un nombre que, al igual que el de Marisol, forma parte de la historia de la postguerra española: Mariquita Pérez.

Aunque la idea de una muñeca con vestidos intercambiables no es nueva-al parecer se han encontrado este tipo de juguetes en yacimientos arqueológicos- lo singular de esta empresa es que surgió de la mente de una mujer casada, en un momento social en que la aplastante propaganda franquista, con la inestimable ayuda de la Sección Femenina, se aprestaba a recordar a la mujer que su sitio era su casa y sus labores.

Durante los duros años cuarenta y cincuenta la labor de esta omnipresente institución consistió en formar a mujeres hogareñas y abnegadas que pasaban, sin solución de continuidad, de ser las criadas de sus padres y hermanos varones a servir a sus maridos e hijos.

La soltera nunca lo era por voluntad propia, era solterona, una pobre infeliz, merecedora de lástima, que no había conseguido atrapar a un varón al que prepararle cocido y filetes rusos, plancharle las camisa y dar paseos de su brazo los domingos mientras él escuchaba Carrusel Deportivo con el transistor en la oreja.

Y en este halagüeño panorama de postguerra española nació Mariquita Pérez

Cómo un artículo de lujo -la muñequita costaba cien pesetas mientras el jornal medio diario era de diez-se convirtió en un logro empresarial sin precedentes, forma parte de la historia de los grandes negocios: una mente emprendedora y profundamente creativa, mucho trabajo, buenos contactos y suerte. Como se dice en bótica, mezclar según arte, y ya tienen ahí la fórmula del ÉXITO.

Leonor Coello fue la madre del juguete, hoy en día transformado en pasión en los foros de coleccionismo y en pieza de museos. Esta mujer convirtió un pasatiempo típicamente femenino- el hacer vestiditos para su nena y la muñeca de su nena-en un tinglado empresarial envidia de más de una multinacional.

A la Pérez no le faltaba de nada para constituir el anhelo de muchas niñas y la realidad de unas pocas, dado su precio.

Estaban los vestiditos, todos artesanos y con primorosos acabados, los múltiples complementos, indispensables para llevar a cabo su estática y acomodada vida en brazos de su dueña.

Estaba su programa en la radio, sus canciones, su espectacular tienda en la calle Serrano de Madrid donde los escaparates eran un derroche de escenografía…

su marca corporativa- las rayas rojas y blancas en diagonal-, su versión para guiris con los trajes regionales…

su sistema de franquicias, sus desfiles de moda, su tienda-taller en la calle Núñez de Balboa de Madrid donde las pequeñas dueñas podían vestir como sus muñecas, que al fin y al cabo, esa era la idea original…

Fuente: La España de Marquita Pérez editorial Aguilar

Y aunque Mariquita Pérez es inmortal, su empresa no lo fue. Los análisis de su caída posterior pertenecen a los misterios de las aventuras empresariales, aunque el desembarco de otro tipo de muñecas con una producción más barata y la inestimable ayuda del yerno de la empresaria con sus inversiones ruinosas contribuyeron en gran medida. Porque ahí estaba el problema, en los años sesenta una mujer casada no tenía identidad ni era dueña de una empresa ni de su dinero ni siquiera disponía libremente de su pasaporte.

Gracias al cine -al de terror, más exactamente- las muñecas de este tipo tienen un punto inquietante, no voy a negarlo.

Yo crecí con un modelo más acorde a la mujer emancipada: te regalaban la Nancy Primera Comunión y luego ya la vestías de azafata, enfermera, exploradora, hippy, flamenca, pintora, socorrista, peluquera, profesora, esquiadora…porque si la Mariquita tuvo 400 complementos en su catálogo, nuestra Nancy no le iba a la zaga y no se achicaba en atuendos. Hasta modelos de Alta costura tenía en su nutrido closet.

Hoy en día causa sonrojo la labor benefactora de la Sección Femenina, hasta bien entrados los 70. en su intento de hacer de las mujeres serviles amas de casa y atentas madres de familia, pero no piensen que hemos avanzado tanto, por alguna extraña razón, las mujeres siempre tenemos una institución al acecho que se erige en redentora de nuestra condición y así mediante comunicados y manifiestos pretende tutelar nuestra existencia porque nos considera menores de edad y hay que marcar las directrices de lo debemos pensar para que dejemos de ser seres dependientes y sin criterio.

¿Es la muñeca un juguete sexista? No sé ustedes, pero yo ya no desgasto mi feminismo en esos debates , tengo muy ensayada mi cara de Nancy en el espejo, con el rictus de quien tiene más certezas que incertidumbres, porque la muñeca y yo tenemos más de 50 años, mucha ropa y los tobillos gordos…

¿ Y Qué ?

¡Feliz Pascua Florida! ¡Feliz semana!

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